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TRAVESÍA DE LAS LANDAS. 220 KM EN DOS DÍAS.

No es tan fiero el león como lo pintan. Es un paseo largo, pero al alcance de todos.

 

TRAVESÍA DE LAS LANDAS. 220 Km EN DOS DÍAS

Lo que a priori parecía una sesión de masoquismo patinador, resultó ser un entretenido modo de invertir el tiempo de un fin de semana, en compañía de multitud de silenciosos franceses, a lo largo de 220 Km por territorio francés, desde Arcachon (junto a Burdeos) hasta Anglet (junto a Bayona, muy cerca de la frontera pirenaica).

El viernes 16 nos reunimos todo el grupo (guipuzcoanos y navarros) en la estación de servicio de Oiartzun, última antes de la frontera francesa, y ya utilizada como punto de reunión en otras ocasiones como las 24 horas de Le Mans 2007. Desde allí nos desplazamos hasta Anglet, junto a la playa, en el aparcamiento del patinódromo, que será el lugar donde termine también nuestro periplo del fin de semana, con lo cual, los desplazamientos van a ser mínimos.

Allí, nos recibe un miembro de la organización, armado con una furgoneta donde justamente cabemos los que estamos y los bultos (menos mal). Nos llevan a pasar la noche a un albergue en Capbreton, donde ocupamos una habitación con unas 15 literas, con duchas y baños. En el mismo albergue se aloja un grupo proveniente de Lourdes (alguna cara me resulta conocida de la media maratón de Lourdes-Tarbes del pasado año). Cena en el puerto deportivo de Capbreton, en una Bolera-resto. Ricas pizzas  y pastas carbonara. Por la mañana, nos montamos en el autobús que en Tyrose recoge al resto de los patinadores para llevarnos hasta Arcachon, donde comienza la juerga. Allí nos reunimos con más patinadores que han ido directamente al punto de salida, hasta llegar a un número que supera los 100 (desde luego, no me dediqué a contarlos).

La primera jornada transcurre por carriles bici paralelos a la costa. Cada 20 km se hace una parada en la que el personal de habituallamiento, que tienen toda la pinta de ser los padres de alguno de la organización y su hermana pequeña, nos tienen preparadas porciones de plátano, naranja y pomelo. También agua, zumos (de caja) y barritas de cereales, fruta y/o chocolate (mmmm, qué rico el de choco-plátano). Después del segundo habituallamiento, comienza a hacer acto de presencia la lluvia, de tal modo que la organización, en un punto concreto, nos invita a todos aquellos que no queramos arriesgarnos, dada la dificultad que entraña el siguiente tramo, a subir al autobús. Varios de nosotros nos montamos y hacemos un tramo de unos 10 Km en bus. Un nuevo tramo, esta vez de carretera, en el que la furgoneta de la organización y un grupo de moteros nos van abriendo paso, hasta llegar al pueblo donde comeremos, haciendo un sprint, como si nos jugáramos la copa de después de comer.

La comida, servida en el teatro del pueblo, consiste en variados platos fríos (jamón, ternera, cus-cus, ensalada de pasta o arroz, macedonia de frutas y piña en almibar). En el escenario se han instalado unas camillas donde voluntarias dan masajes gratuitos. Tras la comida, nuevamente la mamam sirve café y nos reparten unas crêpes de azucar, emborrachadicas con un poquitín de anís (riquísimas, por dios).

Continuamos viaje. Nos informan durante la pausa de la comida de que vamos a pasar un tramo muy malo, y que más adelante recomendarán hacerlo en bus.

Llegados a ese punto, por lo visto no habían tenido en cuenta el tamaño del bus, y no nos está esperando. Yo, con perrería, espero al final, al observar que alguna gente monta en las furgonetas de la organización. Consigo un hueco,  y me llevan otro tramo de 10 km hasta el punto de reunión. Una vez juntos, resulta que Bea, de Roll-Iruña, se ha caído debido al mal estado del pavimento (graton, que dicen ellos).  Todos me insultan y recriminan por haber hecho el tramo en furgoneta. Qué mala es la envidia. En realidad, habrían hecho lo mismo que yo.

Después del descanso, nos explican que estamos ya llegando al camping. Vamos a ir por la carretera, en la que encontraremos una pequeña subida, y dos o tres bajadas burras. En efecto, la última bajada, la hago en plan racing contra Txenan y Paul, de Donostiroller, y les gano. Menos mal que no hago eso a menudo, porque el número de cicatrices de mi cuerpo sería mucho mayor, cosa que no me agrada pensar. Una cuesta de vez en cuando, vale, pero con cuidadín.

Entramos en el camping, donde esperan las maletas ordenadamente junto al bus. Nos han alojado en unos bungalows estupendos, en un camping lleno de árboles. Junto al restaurante, nuevamente masajes. Para amenizar la espera, uno de los sponsor nos sirve pan con "Rillete Sarthois", o sea, carne de cerdo cocida con pimienta, a fuego muy muy lento, que queda parecido al pâté, sin serlo. Pasamos a cenar, una ensaladita y unos maravillosos spaguetti carbonara. Varias cervezas también, para que nos entre el sueño, por si 120 km patinando no han sido suficientes. Después de esto, a dormir.

Nos levantamos el domingo, con todos los dolores, y, poco a poco, vamos arrastrándonos como lagartijas hasta el desayuno. Nos preparamos, montamos las cositas en el bus y nos disponemos a salir.

Nos informan de que vamos a la playa. Nos meten por un carril bici en medio del bosque. Por la noche ha llovido, y la cosa esta incómoda de patinar. Alguna cuesta por aquí y por allá. Una de ellas la bajo con ayuda de una bici. Está mojada, con restos vegetales y es bastante pendiente. No he ido a jugarme la crisma, y de paso, ciño el "taille" de la voluntaria de Roller Landes. ¿Qué más se puede pedir, cuando todavía no te has despertado y te duele medio cuerpo? Llegamos al mar (ohhh), y seguimos viajando hacia el sur por los carriles bici. Nueva parada a comer y nos llevan de nuevo por la carretera, incluso, en un tramo, hay un desmadre generalizado de sprints

. Yo, por supuesto, respeto el límite de velocidad (mis piernas no dan para ir a más de 32 Km/h durante más de un minuto).

Así, hemos llegado a Bayona, nos reunimos para pasar un tramo donde se cruzan las vías, con mucho cuidadín. Bordeamos la ciudad y llegamos a Anglet, en el patinódromo, donde habíamos aparcado el viernes por la noche. Sesión de fotos, duchas, y cada mochuelo a su olivo.

Hay que destacar la perfecta organización en todos los sentidos.

Logísticamente, el transporte de personas y equipaje, la preparación de los habituallamientos, los campings, comidas y masajes, increíble.

En la propia patinada; no se hace a la buena de dios, sino que siempre, en cabeza, hay una bici, moto o furgoneta de la organización a quien seguir, que te muestra el camino, y marca la velocidad máxima. En los cruces de carreteras, los moteros están preparados para cortar. Cuando pasa el último patinador, cogen la moto y rápidamente van al siguiente punto de corte. En los puntos de carretera, la furgoneta abre paso sin problemas. Ni un solo gendarme ha hecho acto de presencia, lo cual demuestra que esto está bien organizado en el aspecto institucional, también.

En lo audiovisual; tenemos a una fotógrafa y una videocámara en la furgoneta de la organización, que captan imágenes tanto en marcha como en las pausas. Durante la marcha Sébastien, el chef del asunto vuela por los pelotones con la cámara para hacer planos en movimiento entre el grupo, o se adelanta unos cientos de metros para coger imágenes de la llegada y el paso de todos. Te lo encuentras tumbado en cualquier curva con la cámara e, inmediatamente, te lo encuentras adelantándote a toda velocidad (je passe á gauche, va diciendo suavamente). Si durante su periplo encuentra alguien con problemas para subir una cuesta, aprovecha para empujarle suavemente antes de adelantarle. Este no ha hecho 220 km, mínimo se ha comido 300 km.

Bueno, en resumen, que para el año que viene ya estamos todos cogiendo vez. Ni siquiera resulta tan cansado como cabe esperar a priori, y, lo que es mejor, encuentras gente muy maja, o que ya conoces por internet, pero no en persona:

Rasta Roller:

Cuzco, de Roulez Rose (Toulouse):

BE4 de Roll-Iruña (de negro) seguida de Francis, Seycar y Txenan, de Donostiroller (de naranja).

Anímense, en suma.

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