Cuando patinas eres libre. Puedes decidir cuándo y hacia dónde moverte; todo depende de ti, además de que adquieres poco a poco nuevas habilidades. Es un aprendizaje continuo, ya que te conoces mejor y reconoces los límites y alcances de tu cuerpo. Cuando los problemas te asedian, patinar te relaja y te ayuda a analizar todo desde otra perspectiva. Inclusive el transcurso del tiempo parece cambiar: te sientes más vivo, todo es diferente cuando la adrenalina recorre tu cuerpo y el resto del mundo parece girar lentamente.

El patinaje es un ejercicio divertido, relativamente barato (hay patines de todos los precios) y de gran versatilidad. Puedes patinar en hielo, en albercas desocupadas, en estacionamientos, en parques, sobre el pavimento, en rampas, pistas especiales; en un descuido hasta en la sala de tu casa y principalmente en la calle.

Pero ya sea en pistas con circuitos especialmente diseñados o recorriendo las calles de la ciudad (que a veces pueden rebasar por mucho la imaginación y el desafío de los circuitos), superar los obstáculos al mismo tiempo que vas haciendo trucos es una experiencia única.

Aunque a muchos patinadores les da flojera usar el equipo de protección básico porque se sienten ridículos o exagerados al usarlo, cuando quieras patinar piénsalo dos veces... ¿Qué es realmente lo ridículo de usar un equipo de protección? ¿Prefieres acabar en el hospital enyesado, a pesar de que pudiste evitarlo?


Entre mejor patinador seas, más lo necesitas. ¡En serio! Cuando aún no sabes patinar y vas lentamente, no corres tanto riesgo como cuando tienes facilidad para alcanzar altas velocidades y te adentras en calles muy transitadas donde el riesgo de correr accidentes es mayor. Cuando patinas por las noches corres más riesgos. No solamente por los coches con conductores que no ven bien, sino por coladeras, piedras, hoyos y cualquier tipo de irregularidad en el piso que pase inadvertida.


La inseguridad y los perros agresivos son otra desventaja nocturna, por lo que te sugerimos que si te encanta patinar a la luz de la luna, preferentemente lo hagas acompañado y en lugares seguros y que conozcas bien. Ya lo sabes: si eres un excelente patinador, no te arriesgues; y si apenas empiezas a disfrutar del patinaje y estás en la etapa de las caídas frecuentes, usa el equipo de protección: tu cuerpo te lo agradecerá.

 
 

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